Esperar en tu despacho a que arranque el ordenador o que se cargue un sitio web normalmente es solo frustrante sobre el papel porque lo tienes controlado; además tienes cosas con las que ocupar tu tiempo. De forma similar, esperar en tu casa o en tu oficina a que llegue alguien te brinda la oportunidad de hacerte cargo de otras tareas, aunque aun así puedes sentirte ligeramente obligado.